
“El populismo nunca mejora la vida de los ciudadanos”
Madrid.-06.07.06.-Mark Falcoff, académico emérito del American Enterprise
Institute, ha afirmado hoy que la dicotomía entre populismo revolucionario y
democracia liberal en Latinoamérica no es nueva, ya que el caudillismo
militar forma parte de su historia. Sin embargo, a pesar de repetirse
cíclicamente, el populismo en América Latina nunca ha mejorado las
condiciones de vida de la gente, salvo temporalmente y a corto plazo .
“Viven y se extinguen sin dejar huella, sin construir instituciones
duraderas” , ha añadido Falcoff, quien ha ilustrado esta afirmación con el
llamado “milagro venezolano”, que ha conseguido aumentar la pobreza de
los venezolanos a pesar de la elevada subida de los precios del petróleo.
Durante su intervención, esta mañana, en la cuarta y última jornada del
curso El futuro de la democracia liberal, el ponente ha asegurado que “el
gran desafío” para Latinoamérica es cómo hacer funcionar mejor la
democracia liberal, para conseguir fortalecer las instituciones, un elemento
vital para el progreso de la región.
Mark Falcoff ha dicho que “la historia del siglo XIX en América Latina
se puede representar como el conflicto entre caudillismo militar y esfuerzos
liberales”. Mucho antes, el colapso del Imperio español en América Latina
creó las condiciones para que ese hueco fuese llenado con caudillos
militares. La industrialización hizo que apareciesen versiones más
modernas de populismo, que se han ido adaptando a los distintos
momentos históricos. Por este motivo -ha afirmado Falcoff- “lo de Hugo
Chávez en Venezuela no es nuevo”.
Caudillismo democrático
Sin embargo, en opinión del académico norteamericano, “la historia del
populismo revolucionario no es brillante, ya que muy pocos regímenes
populistas han constituido instituciones duraderas”. Salvo excepciones
como Chile, Colombia y Uruguay, la herencia que han dejado estos
sistemas en la región son: instituciones frágiles, ausencia de una justicia
independiente, falta de transparencia y partidos políticos obsoletos.
Además, la ausencia de renovación generacional en política ha
desembocado en un “caudillismo democrático” altamente dañino para los
países latinoamericanos. Al hilo de esta argumentación, Falcoff, que en la
actualidad está elaborando un libro sobre nuestro país, destacó el
“interesante contraste con España”, en la que la renovación está
completamente superada, lo que demuestra una mayor madurez
democrática.
Por otra parte, Falcoff ha afirmado que la democracia liberal en
Iberoamérica no se ha librado del todo de los mecanismos, retórica y modo
de funcionamiento del populismo revolucionario. “El problema en América
Latina es que muchas fuerzas liberales se han visto obligadas a competir
con el populismo en vez de ofrecer una alternativa”.
Mark Falcoff ha añadido que ahora hay además una nueva dimensión en este conflicto.
“Hay un falso debate entre globalización y antiglobalización, aunque la
globalización es un hecho inevitable. De hecho, hasta el populismo
revolucionario saca provecho de ella cuando sostiene económicamente sus
países con la exportación de materias primas al resto del mundo”, ha
asegurado el analista sobre temas latinoamericanos.
En opinión de Falcoff, hay una situación peligrosa por la convergencia
entre ideas liberales y populismo. Hugo Chávez fue elegido
democráticamente, pero a continuación hizo uso del poder para crear una
suerte de “dictadura postmoderna”. Mark Falcoff ha dicho que se puede
aplicar la máxima “Un hombre, un voto, una vez”, ya que tras llegar al poder
los dirigentes populistas abandonan las categorías liberales.
La clave, para Mark Falcoff, está en cómo gestionar más eficazmente
la democracia liberal, sin incrementar más el gasto público. Es
especialmente importante mejorar la eficiencia de las instituciones y del
sistema educativo. “Los gobiernos latinoamericanos recurren a préstamos
internacionales para evitar sus obligaciones económicas y aplazar así la
aplicación de las reformas necesarias”.
Por último, Falcoff ha afirmado que otro problema de la región “es que
el populismo revolucionario está libre para hacer toda clase de promesas
demagógicas, mientras la democracia liberal no se lo puede permitir” , y ha
concluido, que ello se debe a que “el populismo revolucionario no tiene
ningún sentido de la responsabilidad”.
Mark Falcoff nació en St. Louis (Missouri), EEUU, en 1941. Es académico
emérito residente del American Enterprise Institute de Washington
Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Princeton (1970), ha
sido profesor en las universidades de Illinois, Oregon y California (Los
Angeles). Además ha trabajado en el Instituto de Servicio Exterior de los
Estados Unidos y en el Colegio de Defensa de la OTAN en Roma.
Fue asesor principal de la Comisión Nacional Bipartita sobre Centro
América bajo la dirección del ex-secretario de estado HENRY KISSINGER (1985).
El año pasado fue nombrado miembro de la Junta de Educación para la Seguridad Nacional, UN CUERPO QUE ORIENTA EL CURRICULUM DE TODAS LAS INSTITUCIONES DEDICADAS A ALTOS ESTUDIOS MILITARES EN LOS EEUU.
Fuente: CAMPUS FAES 2006
Cuarta jornada del curso 1: El Futuro de la Democracia Liberal,
celebrado hoy jueves, 6 de julio, en Navacerrada