05/08/07

¿Por que la Democracia Liberal necesita ser impuesta a traves de guerras?




Leamos primero, como aproximación, esta editorial del diario El País.
Y luego podemos agregar algunas otras conclusiones:


El fantasma del rearme

La invasión de Irak desencadenó, entre otras muchas cosas, una intempestiva controversia acerca de la posibilidad de exportar el sistema democrático a sociedades como las de Oriente Próximo, aún hoy sometidas a dictaduras laicas, como las de Siria o Libia, y a férreas teocracias, como las de Irán o Arabia Saudí. Fue en este contexto donde se multiplicaron las interminables y extemporáneas disquisiciones sobre la compatibilidad del islam con la democracia o la viabilidad de instalar un modelo político liberal en países con graves carencias económicas y sociales, sin contar con las deficiencias institucionales derivadas del hecho de que el Estado, como fórmula de organización soberana del poder, no había existido en ellos hasta la descolonización.

El monopolio que ejerció esta aproximación de fuertes connotaciones ideológicas en el análisis de la política emprendida por el presidente Bush en Oriente Próximo, e insensatamente secundada por algunos de sus socios dentro y fuera de la Unión Europea, hizo perder de vista la verdadera naturaleza del proyecto del Gran Oriente Próximo promovido por los ideólogos instalados en Washington: la democratización se convirtió para ellos en el programa de ingeniería social con el que pretendían inaugurar el siglo XXI, lo mismo que la evangelización lo fue en el XVI y la colonización, en el XIX.

Como en el caso de esos precedentes históricos, el noble propósito de democratizar el mundo obviaba la primera pregunta, y tal vez fundamental, ante una iniciativa política y militar de esta envergadura, que no era la de saber si resultaba o no viable, sino si un fin tan elevado como la democratización justificaba un medio tan execrable como la guerra. Mientras políticos e intelectuales discutían en torno a cuestiones como la compatibilidad entre la democracia y el islam -que, en el fondo, no era distinta de la de saber si los indios tenían alma o si los negros eran aptos para el aprendizaje-, la respuesta, aunque implícita, fue categórica y rotundamente afirmativa.

La reciente gira por Oriente Próximo de la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, no ha hecho más que levantar acta de la inquietante situación a la que condujo justificar la guerra en nombre de la democratización: el viejo fantasma del rearme, y de la subsiguiente militarización de las relaciones internacionales y de la diplomacia, ha vuelto a aparecer en escena, y seguramente para quedarse. Rice ha anunciado ventas de armas por valor de 46.000 millones de euros a ocho países aliados de Oriente Próximo, en un intento de contener militarmente la creciente amenaza que Irán representa para sus intereses en la zona, sobre todo si mantiene su programa nuclear.

La gravedad de la circunstancia por la que atraviesa la región, y el escaso margen de maniobra que existe hoy para no seguir cebando el inmanejable polvorín en el que se ha convertido, queda patente en el hecho de que si Rice no hubiese ofrecido los contratos armamentísticos, lo habrían hecho proveedores como Rusia o China. Cuando no otros países europeos, entre los que se encuentra España. La producción y la venta de armas no han hecho más que crecer desde que la guerra fría se dio por concluida.

El regreso del rearme puede tener trascendentales consecuencias tanto en la política interior de las grandes potencias -y, en particular, de la más grande, Estados Unidos- como en el ámbito de las relaciones internacionales. El reforzamiento del complejo militar-industrial en momentos como el presente, en el que una parte de la teoría discute el papel económico del Estado, puede alentar un insólito keynesianismo no dirigido al gasto social, sino al militar, con el resultado de una progresiva preparación de las sociedades civiles para el conflicto, de una renovada entronización de la consigna de parabellum.

Por otra parte, y ya en la esfera internacional, el rearme de aliados cuyos regímenes son inestables debido a la contestación política interna, puede propiciar la paradoja de acabar reforzando a los enemigos que se pretende combatir. Y todo ello sin tomar en consideración que este nuevo proceso de rearme se está desarrollando en el terreno convencional precisamente cuando la disuasión convencional ha sufrido serios reveses en Irak, con la imposibilidad del Ejército norteamericano para controlar la situación, y en Líbano, donde una organización armada como Hezbolá consiguió hacer frente a Israel durante un mes, dejando en tablas el resultado de los combates de hace un año.

Por descontado, ningún acontecimiento político, ningún conflicto, está escrito de antemano ni es resultado de una fatalidad ajena a la voluntad de los Gobiernos. Pero hay demasiadas alarmas internacionales que no cesan de enviar señales de advertencia, y que no se deberían desoír por más tiempo. En Oriente Próximo, por desgracia, la razón no logrará imponerse si no cuenta con la credibilidad que concede la fuerza militar. Pero confiarlo todo a la fuerza militar significa reconocer que la razón nunca logrará imponerse.
Fuente: editorial- 5/8/07- El País

Para el debate o la reflexión:
Ya sabemos que la ilegal ocupación de Irak nada tuvo que ver con la defensa del pueblo estadounidense frente al acto terrorista de las torres gemelas.
Leamos este comentario del Financial Times de marzo de este año:

"Las reservas de petróleo de Irak contienen el doble de petróleo de lo inicialmente calculado, o lo que es lo mismo, 100.000 millones de barriles más de lo que se creía. Así lo sugiere un estudio independiente, el más exhaustivo que se realiza desde la invasión de Estados Unidos en el año 2003, y que cita hoy el diario Financial Times.

El estudio, realizado por la consultora estadounidense IHS con datos anteriores y posteriores a la invasión del 2003, también concluye que Irak podría incrementar su producción diaria de menos de dos millones de barriles diarios a cuatro millones en un plazo de cinco años siempre y cuando comiencen a llegar las inversiones.

"Obviamente la situación es muy mala, pero si tienes en cuenta el potencial del subsuelo, no existe un lugar mejor que éste. Geológicamente, está ahí, una oportunidad de oro", afirma el experto de IHS Ron Mobed."

Esta claro. La Democracia Liberal sigue considerando, como propios todos los recursos que puedan seguir garantizando el crecimiento desigual e insostenible de la riqueza de unos pocos. Pertenezcan a quienes pertenezcan y... ¡En pleno siglo veintiuno!

Y así seguirán... Aunque para ello deban engañar a sus propios ciudadanos con falsos actos de justicia.
Aunque para ello deban actuar ilegalmente, desoyendo el dictamen de la ONU o mintiendo al mundo sobre la supuesta amenaza de “armas de destrucción masiva”.

O recortando las libertades democráticas de los propios ciudadanos occidentales. Hoy mismo, se aprueban medidas para escuchar sin órdenes judiciales a cualquier persona que elijan.

Con el tiempo se acumularán los datos sobre los extremos demenciales hasta donde se ha llegado en Irak en nombre de la democracia.

Pero la Democracia de los Ciudadanos nada tiene que ver con el magnicidio y con el expolio. Desde el principio, millones de personas en todo el mundo, se manifestaron en contra de esa apetencia delictiva histórica de la Democracia Liberal.

El hermano del señor Busch, secundado por nuestro máximo representante del liberalismo español, el señor Aznar, nos vino a prometer enormes beneficios a cambio del respaldo a, hoy lo sabemos, una injusticia salvaje coronada, además, por una derrota sin paliativos.

Los ciudadanos españoles rechazaron claramente el botín de los liberales.

Sin embargo, la democracia que anhelamos aun permanece sin plasmarse en toda su dimensión.
Ello permite que la única democracia que pueda ejercer hoy todas las decisiones siga siendo la que nos llevó a la guerra injusta de Irak con la mentira de exportar la democracia. Así es la Democracia Liberal.